Mejorar el aislamiento térmico en fachadas y cubiertas representa un ahorro energético importante, pero no es el único. Descubre otras formas de reducirlo invirtiendo en una pequeña reforma.

ÍNDICE DE CONTENIDO

  1. Consumo, contaminación y ahorro
  2. Aislamiento térmico de fachadas
  3. Aislamiento térmico de cubiertas
  4. Aislamiento térmico y acústico de paredes
  5. El agua también cuenta

1.- Consumo, contaminación y ahorro

El consumo de energía merece una seria reflexión. No hay más que pensar en los problemas producidos por los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas natural), en sus procesos de extracción y transformación, en particular las centrales eléctricas, su feroz potencia contaminante que invade las ciudades, intoxica el aire y causa muerte y enfermedades en todo lo que vive, personas, animales y plantas.

El afán humano por el progreso a cualquier precio deja tras de sí un reguero de víctimas. A pesar de que existen fuentes de energía más limpia, en la actualidad los combustibles fósiles todavía son la fuente principal de abastecimiento en casi todo el mundo.

Si consumimos menos energía, reducimos la contaminación y contribuimos a mejorar nuestro aire y nuestro entorno. Pero eso no es todo; con los precios  actuales de los suministros de gas y electricidad, el ahorro de energía tiene una importante compensación, contante y sonante, en nuestro bolsillo.

Para llegar a este punto no se requieren grandes desembolsos. Si hoy hacemos una pequeña inversión en actualizar nuestras instalaciones domésticas, mañana obtendremos grandes ahorros en las facturas de la luz y el gas.  

2.- Aislamiento térmico de fachadas

El Código Técnico de Edificación (CTE) determina una serie de criterios para la mayor reducción del consumo de energía.

En la actualidad existen numerosos procedimientos para un eficaz aislamiento térmico.

En las fachadas, se trata de  proteger la vivienda de las temperaturas máximas y mínimas del exterior, de los inviernos polares o de los tórridos veranos, también del viento, el ruido o la polución.

Con una adecuada ventilación, se solucionan los molestos problemas de condensación y las humedades.

En aislamiento de fachadas, la práctica más frecuente en España es el aislamiento por el interior, que permite soluciones eficaces para el aislamiento térmico y acústico.

En estas actuaciones es prioritaria una impermeabilización total de la fachada para evitar la penetración del agua de lluvia que produce humedades.

Según las condiciones climáticas del entorno los técnicos suelen recomendar la instalación de barreras internas de vapor. Estas barreras ejercen una resistencia eficaz al vapor de agua por lo que evita las condensaciones. Se sitúan en el lado “caliente” del aislamiento.

En el caso de que se trate de la fachada de una vivienda, el lado caliente se sitúa en su interior. En los casos que el aislamiento se sitúa en el interior, las opciones más empleadas son; la placa de yeso laminado, que se suele aplicar en obras de rehabilitación o la doble hoja de cerámica.

3.- Aislamiento térmico de cubiertas

Las cubiertas de casas y edificios son elementos muy sensibles a los agentes climáticos. Pequeñas grietas, goteras y humedades son afecciones comunes a estas instalaciones. Estas actuaciones de aislamiento pueden realizarse por el exterior o por el interior.

En el aislamiento por el exterior, las cubiertas en pendiente suelen presentar mayores incidencias, ya sea por los efectos de la contaminación o de la radiación solar. Cuando la vivienda se encuentra permanentemente habitada, la reducción en el consumo energético para su climatización, tanto el aire acondicionado como la calefacción, será más eficiente debido a lo que se los técnicos denominan “inercia térmica”.

Las cubiertas planas se dividen en frías y calientes, en relación al posicionamiento del aislante frente al sistema de impermeabilización.

En países fríos y lluviosos se emplea la cubierta caliente. En este tipo de cubierta, la fase impermeable se sitúa sobre el aislamiento a fin de protegerlo del deterioro y mantener sus capacidades térmicas ante una climatología fría y húmeda.

La cubierta fría (también llamada cubierta invertida) es la que suele emplear en zonas cálidas y secas. En este tipo de cubierta, el aislamiento protege la fase impermeable, a fin de reducir su desgaste.  

Las actuaciones de aislamiento por el interior, suelen ser más rápidas y económicas puesto que no es necesario el movimiento de tejas, pavimento y otros materiales. Entre otras ventajas, facilita las opciones en la decoración. El resultado es una superficie perfectamente lisa que evita grietas y facilita el acabado de los pintores y hace posible muchas soluciones de iluminación. En el caso de que no sean precisas tareas de impermeabilización, se la considera la mejor solución. 

Si la vivienda no está permanentemente ocupada, como es el caso de las segundas residencias, suele recomendarse el aislamiento interior. Al hacerlo así la vivienda se calentará con mayor eficiencia y rapidez.

4.- Aislamiento térmico y acústico de paredes

Existen productos especializados en el tratamiento en paredes y tabiques interiores que son los llamados aislantes térmicos reflexivos. Estos evitan los efectos nocivos de la humedad y bloquean la transmisión del calor de dentro hacia afuera y viceversa.

Tienen una gran duración, ocupan poco espacio y tienen una gran eficacia en el aislamiento acústico y una baja conductividad. Los aislamientos térmicos reflexivos mejoran la eficiencia energética y no necesitan mantenimiento.

Si aún no tienes claro qué aislamiento es el más adecuado para tu vivienda, no dudes en pedir un presupuesto a nuestro equipo técnico. Te realizarán una visita totalmente gratuita.

5.- El agua también cuenta

El agua es actualmente uno de lo bienes más preciados. En la actualidad ya nadie puede pensar que se trata de un recurso inagotable.

La revisión de tuberías y canalizaciones, su reparación o sustitución puede significar un importante ahorro económico. También la revisión de la grifería.

Un grifo que gotea 10 gotas por minuto significa un desperdicio de 2.000 (… sí, ¡dos mil litros!) de agua al año. Sustituir los viejos grifos por grifería termostática también puede ser un buen negocio.

Los termostáticos son grifos que disponen de dos mandos con funciones diferenciadas. Uno de ellos regula el caudal de agua y el otro la temperatura.

El mando que regula el caudal tiene un mecanismo que permite ahorrar agua al dosificar su flujo a un tercio o la mitad de su caudal máximo sin perder temperatura.

Además de la comodidad que representa que el agua salga siempre a la misma temperatura aunque se cierre y se abra el grifo repetidamente, el ahorro viene al conseguir la temperatura deseada con mayor rapidez que con con cualquier sistema conocido, por lo menos hasta la fecha.

Otra manera de reducir el gasto energético sin necesidad de efectuar una gran reforma es instalando un sistema de domótica. Mejoraremos el consumo de los electrodomésticos, la iluminación y la climatización.


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